Yo llegué a este Consejo Colombiano de Construcción Sostenible gracias a un sueño que tuve hace casi 30 años.
Era 1996, y estaba en un Parque Nacional en Argentina. Llevaba meses acampando y caminando con un morral al hombro entre bosques milenarios. Llevaba meses sintiendo y comulgando con la naturaleza. Aprendiendo a escuchar desde un lugar más profundo, sus susurros y mensajes. Aprendiendo a sentirme interconectada, de una sola mente, con la naturaleza.
Esa noche, dormí sola en mi carpa, luego de pasar todo el día sola al lado de un río, mientras mis compañeros de viaje hacían una caminata. En mi sueño, estaba con mi familia y todos tenían tarjetas de crédito con planes de millas. Me decían emocionados que entre más compraban, más millas les darían, y más podrían viajar. Yo los miraba desconcertada, en silencio sin poderles decir nada, pero adentro de mi tenía una certeza: la Tierra no aguantaría tanto consumismo. ¿Cómo haría para hacerles entender, que eso era insostenible?
Me desperté en la mitad de la noche en mi carpa, con el sueño vívido en mi mente y me quedé despierta un buen rato, sintiendo el latir de la tierra. Fue así que supe, mucho antes de que existieran esas tarjetas de crédito y planes de millas que hoy en día son tan comunes, que yo estaba siendo llamada a actuar para prevenir la situación de insostenibilidad entre nosotros y nuestra tierra. Y me llegó como un flash la certeza, que mi propósito en esta vida es velar por la Tierra y ayudar a cuidarla.
Ese sueño, y más aún ese viaje de 9 meses, me cambiaron la vida. Después de esa experiencia, me salí de un prestigioso trabajo en el sector financiero, me fui a estudiar una maestría en temas sociales y ambientales en la Universidad de Berkeley, y cuando volví a Colombia me enfoqué: convertí cada oportunidad laboral en una manera de profundizar en ese propósito que tuve en mi sueño.